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Cetáceos en Chile: ciencia, caza de ballenas, historia, acústica y conservación

Camila Calderón, médico veterinaria del Centro de Investigación Oceanográfica Copas Sur-Austral de la Universidad de Concepción, aseguró que existen pocos estudios sobre la abundancia y biodiversidad de cetáceos en la Región del Biobío. Sin embargo, las especies de las que hay registros frecuentes son de las ballenas Sei (o Boba o Rorcual de Rudolphi), Fin, Jorobada, calderones grises, Delfín Chileno, orcas y cachalotes. “Principalmente los avistamientos son en Caleta Chome, Llico, Isla Santa María, Isla Mocha y el Golfo de Arauco en general”.

¿Cuánto sabemos acerca de la Ballena Azul, la Jorobada o de las Orcas? ¿Cuáles son las zonas geográficas donde se pueden observar?¿En qué nivel estamos en materia de investigación y conservación? ¿Cuánto protagonismo tienen las costas chilenas y sudamericanas?¿Cómo se comunican entre las ballenas?

“Chile es un corredor para las ballenas, donde se pueden avistar en todo su litoral. Dichos animales viajan de norte a sur para alimentarse durante la primavera y verano y regresan de sur a norte en otoño para reproducirse en invierno, en aguas de Perú, Ecuador y Colombia”, detalló Anelio Aguayo, investigador del instituto Antártico Chileno (Inach).

Dentro de las zonas del país donde se puede observar cetáceos, la lista la encabeza el Territorio Antártico Chileno en verano, con presencia de ballenas Jorobadas y Minke. En segundo lugar, en aguas de las regiones de Aysén y Magallanes, entre finales de primavera y comienzos del otoño se pueden avistar ballenas Boba o Rorcual de Rudolphi y Jorobada, precisó Aguayo.

“En tercer lugar, en las regiones del Biobío, Los Ríos y Los Lagos, entre diciembre y principios de otoño, se puede observar la Ballena Azul, Jorobada y Rorcual de Rudolphi”.

Luego vienen en cantidad de avistamientos, las regiones de Coquimbo y Valparaíso, donde existe registro de ballenas Jorobada, Franca y Rorcual Común, durante la primavera y verano. Y por último, en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama, en primavera, verano y otoño, hay presencia de las ballenas Jorobada, Franca y el Rorcual Común, comentó el médico veterinario de la Universidad de Chile y posgraduado de National Institute of Oceanography, Surrey, Inglaterra.

 

Presencia en el Biobío

Camila Calderón, médico veterinaria del Centro de Investigación Oceanográfica Copas Sur-Austral de la Universidad de Concepción, aseguró que existen pocos estudios sobre la abundancia y biodiversidad de cetáceos en la Región del Biobío. Sin embargo, las especies de las que hay registros frecuentes son de las ballenas Sei (o Boba o Rorcual de Rudolphi), Fin, Jorobada, calderones grises, Delfín Chileno, orcas y cachalotes. “Principalmente los avistamientos son en Caleta Chome, Llico, Isla Santa María, Isla Mocha y el Golfo de Arauco en general”.

En cuanto a la temporada de ballenas, Calderón aseguró que se empiezan a observar a partir de noviembre y durante todo el verano rumbo al sur, luego van de regreso hacia sus zonas de reproducción en bajas latitudes.

“Esta es una descripción general, ya que cada especie se comporta de una manera distinta y al no existir una red oficial de avistamientos ni estudios actuales en la zona, no sabemos si, por ejemplo, hay animales que estén quedándose todo el año, o si existe alguna zona de alimentación como la del Golfo del Corcovado o el Parque Marino Francisco Coloane en Magallanes”, explicó la profesional.

 

Mortalidad y varamiento de cetáceos

Anelio Aguayo
Anelio Aguayo

Anelio Aguayo precisó que se entiende por varamiento cuando uno o varios ejemplares de cetáceos arriban vivos a las costas. Cuando los animales llegan muertos a la playa, no se trata de varamiento, sino de mortalidad de cetáceos.

Las causas de muerte son variadas, afirmó el investigador. Por ejemplo, por choques con embarcaciones de pescadores, con buques mercantes de diferentes tamaños o yates turísticos, colisión que provoca traumas o mutilaciones en los animales, en cambio cuando las hélices de los barcos hieren profundamente a las ballenas, les pueden causar la muerte en alta mar o cerca de la costa.

“También los mamíferos marinos mueren por las intoxicaciones con venenos producidos por las algas nocivas, las llamadas mareas rojas. También es una amenaza el consumo de plásticos, botellas pequeñas, tubos, jeringas, frascos, las infecciones masivas de parásitos, por bacterias y virus”.

En cuanto a los varamientos, Anelio Aguayo cree son provocados por todos los tipos de alteraciones que puedan afectar el sistema de audición de los cetáceos, considerando que este órgano es el más desarrollado en esta especie, que lo usan para navegar, buscar alimento y para comunicarse con sus semejantes.

“Cualquier alteración del órgano emisor como del receptor de las ondas sonoras en los cetáceos provocará una falla en el sistema auditivo, desorientando a los animales, provocando en algunos de ellos un miedo o estrés que desemboca en una estampida, llevando a algunos a la playa, donde llegan vivos”, agregó.

“Otros en tanto, escapan mar adentro y se salvan, mientras que algunos ejemplares se sumergirán y si lo hacen por el miedo más que por su capacidad pulmonar o de anoxia, también pueden morir en el mar o llegar moribundos a las playas”, describió el investigador.

Por su parte, Camila Calderón, de Copas Sur-Austral, explicó que el Sernapesca, desde el año 2009, lleva un registro de las mortalidades y varamientos de cetáceos a lo largo de la costa del país, sin embargo, no existe una data oficial de causas, solo hipótesis.

Pero como dato, ni la mejor red de varamientos a nivel mundial puede determinar la causa en casi 50% de los casos. No es un trabajo fácil. Seguro que con el tiempo esto va a ir mejorando”, adelantó.

Este año en Talcahuano, agregó Calderón, se efectuó la primera necropsia de Ballena Fin muerta en la Bahía de San Vicente, en conjunto con especialistas de la Universidad de Concepción, de la Universidad San Sebastián, de Amevefas, de Panthalassa ONG y Sernapesca, que según la veterinaria, “fue un tremendo trabajo colaborativo que determinó que la ballena había muerto por una colisión con embarcación, un avance muy significativo para precisar las causas y trabajar en la prevención de nuevas colisiones”.

 

Experiencias de observación

Camila Calderón
Camila Calderón

“Sin duda Caleta Chome es uno de mis lugares preferidos, pero dado que los avistamientos son esporádicos y no hay todavía tours para hacer observaciones, mi sitio favorito para observar ballenas es Caleta Chañaral de Aceituno en la Región de Atacama. Es un paraíso. Puedes ver ballenas Fin, Azules, Jorobadas, Delfines Grises y Oscuros, y si tienes suerte puedes visualizar Orcas”, relató Camila Calderón.

Agregó que en Caleta Chañaral de Aceituno los precios son accesibles para la comunidad y eso hoy es importante porque de lo contrario se vuelve elitista. Además, la veterinaria destacó la experiencia vivida en Agua Fresca en Magallanes, “donde puedes avistar Delfines Australes residentes que te dan un gran espectáculo y donde tienes la posibilidad de hacer paseos en kayak y zodiac”.

Anelio Aguayo comenzó a narrar su experiencia con la siguiente aseveración: “todos sabemos en términos generales que las ballenas y cetáceos con barbas se reproducen en aguas tropicales o cálidas durante los meses de invierno y se alimentan en aguas frías en la Antártica durante los meses de verano, en el Hemisferio Sur”.

Con este conocimiento, viajó a la Antártica en los meses de invierno de los años 1993, 1994 y 1995, primero en un buque rompehielos norteamericano, el Nathaniel Palmer, posteriormente en el Buque Antártico Chileno Piloto Pardo y luego en el rompehielos Oscar Viel de la Armada de Chile, donde observó ballenas Minke en medio de los hielos antárticos, temporada en la que, de acuerdo a sus conocimientos, dichos animales deberían estar en aguas tropicales reproduciéndose.

“Esta observación hizo tambalear mis conocimientos adquiridos sobre los cetáceos, heredado de mis profesores durante mis años de especialidad en Chile, Perú, Inglaterra, Noruega, Canadá, Suecia y México. Finalmente, publiqué una nota científica en la Revista del Instituto Antártico Chileno, denominada “Is there a population of Minke whale, that overwinter among the Antarctic Sea Ice? Serie Científica INACH,  44: 91 – 98. Santiago, 1994”.

 

Caza de ballenas

Daniel Quiroz, antropólogo de la Sub Dirección de Investigación del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, tiene como línea de estudio la caza de mamíferos, especialmente grandes cetáceos, en las costas sudamericanas.

Aseguró que en estas latitudes se cazaron ballenas con un sentido comercial desde comienzos del siglo XVII, con algunas operaciones en el Estado de Bahía, Brasil.

A mediados de aquel siglo, comenzaron los balleneros norteamericanos a incursionar en los bancos de ballenas de Brasil y a fines de esa época llegaron al Pacífico a través del Cabo de Hornos.

“Se indica que el primer cetáceo cazado en las costas del Pacífico fue un Cachalote, a la altura de Iquique, en 1789. Hacia 1830 se comienza la caza de grandes cetáceos desde las costas chilenas, tanto en sus formas costeras como pelágicas”, describió Quiroz.

Esta caza –añadió- se realizaba desde pequeñas chalupas movidas a remo, con arpones y lanzas manuales. A comienzos del siglo XX llega a nuestras costas la caza moderna de ballenas, usando buques a vapor y cañones arponeros con punta explosiva. Esta forma de caza finalizó en 1983.

 

Caza precolombina

Al respecto, Anelio Aguayo, de Inach, decretó que la caza de ballenas precolombina se desarrolló en Chile desde los tiempos anteriores a la llegada de los europeos, práctica efectuada por los pueblos originarios canoeros nómades de los fiordos y canales australes conocidos como Kawashkar, quienes aprovechaban la grasa y la carne de algunas especies de cetáceos muertas que encontraban en las playas.

“Los otros pueblos primitivos que habitaron en el sur de Chile fueron los Onas y los Yámanas, quienes también aprovechaban la carne y grasa de los cetáceos, así como también de los lobos marinos”.

Tanto Yámanas como Kawashkar, aseguró Aguayo, fueron capaces de capturar delfines usando sus arpones artesanales desde sus embarcaciones, ya sea amarrando piedras o huesos tallados por ellos mismos a la punta del arpón, con tendones de animales o juncos vegetales.

 

Actualidad

 

Asimismo, Daniel Quiroz aseguro que hoy ya no se realiza la práctica de caza de ballenas en las costas sudamericanas.

“En cambio Japón tiene actualmente permiso de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para desarrollar lo que se denomina la caza científica de ballenas. El impacto sobre la población del mamífero es bastante discutible y no se puede evaluar en este corto espacio. El impacto es más bien simbólico y comunicacional”.

En todo caso, estipuló Quiroz, no es Japón el país que en la actualidad caza más ballenas en el mundo. De acuerdo a las estadísticas de la CBI en el año 2016 Japón cazó 488 ballenas, Noruega 591, Dinamarca 162 y Rusia 122”, cifró el antropólogo.

 

El Componente histórico de Mocha Dick

Armando Cartes, doctor en Historia, profesor titular de la Universidad de Concepción, es el autor del libro Los Cazadores de Mocha Dick.  “Existía a nivel de mitología popular la idea de una ballena blanca que recorría en el pasado las costas de la Región del Biobío”, detalló.

“Me fui a Estados Unidos y recorrí los puertos balleneros de la costa este, hasta la mismísima isla de Nantucket; por supuesto que también varias bibliotecas y museos. Estuve en la Biblioteca del Congreso, en Washington D.C., la más grande del mundo. Y también recorrí las costas e islas chilenas, así como la bibliografía. Así fueron surgiendo las pistas que me permitieron recuperar la historia de Mocha Dick”.

Cartes explicó que sin duda la novela Mocha Dick, de 1839, es un texto importante, pues fue escrito por Jeremiah Reynolds, quien recorrió nuestras costas y sabía de lo que hablaba. Fue además la inspiración, entre otras fuentes, de la novela mayor Moby Dick, de Herman Melville.

“Esta es la novela nacional norteamericana, equivalente a Romeo y Julieta para los ingleses o El Quijote de la Mancha para los españoles. No es solo buena literatura, expresa un sentimiento nacional de libertad y emprendimiento, que anticipó el avance hacia el Far West, en el proceso de construcción de Estados Unidos”.

¿Tenemos la ballena más famosa del mundo? Se podría decir que sí, aseguró Cartes, aunque aclaró que hay muchas ballenas mitológicas, desde la que se tragó a Jonás y que figura en la Biblia, pero pocas como Mocha Dick. El Pequod, la nave del capitán Ahab, expresa un microcosmos, con tripulantes de todo el mundo. “Hay grandes metáforas morales y subtextos en esa novela. De ahí su importancia literaria”, puntualizó Armando Cartes.

Por su parte, Anelio Aguayo, estipuló que un hecho interesante también, es la película sobre Moby Dick que muchos niños del mundo vieron alguna vez. “El hecho es que mi profesor inglés, el Dr. Robert Clarke, del National Institute of Oceanography de Inglaterra, fue el asesor científico de la película, colaborando al gran actor norteamericano Gregory Peck, con quien hizo una larga amistad, ambos con un fuerte carácter, según dice la historia narrada por mi docente”, finalizó Aguayo.     

 

Expedición Golfo Corcovado

El proyecto Expedición Golfo Corcovado liderado por Susannah Buchan, investigadora asociada del Centro de Investigación Oceanográfica Copas Sur-Austral, recabó información sobre la presencia de ballenas azules en la Patagonia chilena y su distribución en sistemas estuarinos con el objetivo de iniciar estrategias de conservación.

La misión logró monitorear en vivo la vocalización de ballenas Azul y Sei, a través de un dispositivo denominado Glider, planeador submarino de pilotaje online que logró recabar información sobre las condiciones oceanográficas del hábitat de estas especies en peligro de extinción, en la zona del Golfo Corcovado, al sur de Chiloé.

“El objetivo de este estudio es entender la distribución y ecología de las ballenas, especie emblemática que fue cazada durante varios siglos, por lo tanto es muy importante resguardar sus áreas de alimentación y de comunicación, para que estas poblaciones puedan continuar con su proceso de recuperación”, precisó la investigadora.

Embarcaciones: principal peligro

Actualmente, algunas de las amenazas que enfrentan las ballenas son las colisiones con embarcaciones y los enmallamientos con redes y aparejos utilizados por la actividad pesquera y la industria salmonera. Además de estos peligros, la contaminación acústica provocada por el tráfico marino desorienta a los cetáceos y dificulta la comunicación entre ellas.

La doctora Kate Stafford, investigadora de la Universidad de Washington, Estados Unidos, aseguró que las ballenas Azul transmiten señales en frecuencia muy bajas, de hecho están por debajo del rango de audición humana, pero también emiten sonidos en la misma banda de frecuencia y usan las mismas señales que los barcos.

“Por lo tanto, el tránsito sistemático de grandes naves incrementa lo que conocemos como ruido ambiental. Y como los sonidos de los barcos están en la misma frecuencia que los de las ballenas Azul, existe la posibilidad de que ocurra el denominado enmascaramiento, provocando que la zona donde estas especies pueden comunicarse decrezca ante la presencia de ruidos de embarcaciones”, advirtió la investigadora.

De acuerdo al doctor Mark Baumgartner, investigador de  Woods Hole Oceanographic Institution de Estados Unidos, para gestionar las actividades humanas en el océano, necesitamos saber dónde están las ballenas.

“En este punto entra en juego la tecnología Dmon, que es un sistema que nos sirve para monitorear dónde están las ballenas, información necesaria para traspasar a la industria naviera y pesquera, para que ellos puedan modificar su área de trabajo o para bajar la velocidad de los barcos”, comentó el investigador.

Baumgartner recalcó que el Dmon detecta los sonidos y los caracteriza en lo que llaman pista de tonos, que luego de un análisis realizado por especialistas, permite determinar qué especies están produciendo sonidos en el océano.

 

Estado de conservación de algunas especies de cetáceos en Chile

Ballena Franca Austral, en peligro crítico de extinción

Ballena Azul o Rorcual Gigante, en peligro de extinción

Rorcual Común, en peligro de extinción,  pero recuperándose lentamente

Rorcual de Rudolphy, en peligro de extinción

Rorcual de Bryde, vulnerable, pero recuperándose

Ballena Jorobada, vulnerable, pero en franca recuperación Antártica, fuera de peligro en aguas antárticas

Ballena Minke Enana, fuera de peligro en aguas antárticas

Orca, fuera de peligro

Cachalote, vulnerable, pero con datos de Índice de Abundancia Relativa (IAR).

 

(Fuente: Anelio Aguayo, Instituto Chileno Antártico)

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