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La ruta ancestral y cultural Mapuche que buscan rescatar en Victoria

Lo originario, lo nuestro. La gastronomía, la medicina, la artesanía, los productos locales como el changle, el digüeñe o los piñones. La cazuela de gallina o los porotos con cuero de cerdo y trigo mote. Lo realmente Mapuche.

Llegamos hasta la comuna de Victoria, localidad donde nos sumergimos en una verdadera ruta ancestral, que busca preservar nuestra identidad y conservar recursos naturales para las futuras generaciones.

Isolina Valdebenito, proveniente del sector Mi Lof Toquihue, nos recibió en El Carretero, rincón gastronómico Mapuche que cumplió 31 años deleitando con lo mejor de su cocina a turistas y comunidad local, quienes dia a día hacen fila para almorzar a la “suerte de la olla” o tomar un café ancestral de trigo.

“Apostamos por la gastronomía, porque siempre en mi comunidad me dediqué a lo culinario, por ejemplo en cada We Tripantu o Millantu, era la encargada de las preparaciones. Llegamos a Victoria, tocamos muchas puertas, hasta que decidí estudiar cocina internacional y chilena y así profesionalizar nuestro trabajo, pero siempre arraigado en lo nuestro, lo Mapuche”.

Isolina aseveró que era de suma importancia empoderarse en la cocina y no tenerle miedo, por ejemplo, a usar de forma sistemática el trigo mote, materia prima que según la cocinera “los Mapuche nacimos y crecimos con su sabor y propiedades en nuestra dieta diaria. De este insumo hacemos el catuto, el café de trigo o distintos postres”.

Otro elemento que destacó la chef de El Carretero, es el cuero de cerdo ahumado, que es la base de los porotos y las legumbres en general. En definitiva, todos los insumos no son comprados en el supermercado, nuestra base nutricional proviene de nuestra tierra, aseguró.

¿Los ingredientes base de la comida Mapuche? Valdebenito aseveró que son la papa, el mote y todos los productos organicos que son las verduras, como el ajo y orégano, sumado al amor, que jamás debe faltar en nuestra cocina, expresó.

¿Los platos más demandados por los clientes? “Lejos los porotos con cuero de chancho, el postre “tres leches” que hago con mote y salsa de frambuesa orgánica. También nos demandan mucho la cazuela, tortilla de rescoldo y mermeladas caseras. “Lo importante es que todo es natural y por lo tanto saludable, esa es la magia de la comida Mapuche”, reiteró la chef.

En la zona de La Araucanía las comunidades conjugan el cuidado del ecosistema con el emprendimiento tradicional

Donde el protagonista es el changle

Continuamos con nuestro recorrido por las comunidades Mapuche en la comuna de Victoria, donde fuimos recibidos por Sandra Collinao, Silvia Marileo y Alejandra Coñileo, de la Comunidad Antonio Milla.

Con la mesa puesta y muy bien decorada, nos relataron su emprendimiento gastronómico cultural. “Queremos comenzar con el changle, que es un producto nativo con que nos criamos, por lo tanto es una espacie que debemos cuidar para las futuras generaciones, fundamentalmente porque hoy las personas lo recolectan de mala forma, acción que amanaza de manera seria su conservación”.

Agregaron que el changle para ellas es una verdadera carne que se prepara de diferentes formas, donde destacan las empanadas fritas, estofados, sopas y como base para ensaladas con vegetales de la huerta.

También están los fritos de papas, muy parecido al milcao chilote, donde según Silvia, Alejandra y Sandra, la clave es rallar bien la papa, sacar toda el agua, usar buena harina de trigo y un poco de sal.

“En cuanto al postre, queremos ofrecer a nuestros turistas nuestra especialidad, que es quinoa con ciruelas, que ha tenido una gran recepción, ya que cada uno de sus ingredientes es orgánico, libre de pesticidas. Y para el bajativo, preparamos un licor de frutillas locales, cultivadas en nuestra propia huerta”, precisaron.

¿En qué consiste el proyecto de la huerta? Otro de los emprendimientos que poseen en la comunidad, es el de la producción orgánica de frutillas y frambuesas, insumo con que realizan distintas preparaciones tradicionales, con la finalidad de diversificar el negocio, en base a su gastronomía ancestral.

La Comunidad Antonio Milla está compuesta por 120 familias, quienes tienen una ambiciosa cartera de proyectos, cuyo denominador común es conservar sus tradiciones mediante esta iniciativa agroturística integral.

“Queremos mostrar nuestro hermoso lugar dónde estamos emplazados, donde la naturaleza y el bosque nativo son el telón de fondo, sumado a la fauna que habita en la zona. En este sentido la educación es una arista muy importante, ya que la idea es hacer observación y descripción de especies, con un sustento científico, gracias a asesorías que hemos recibido”.

También buscan ofrecer caminatas a los visitantes para mostrarles las reservas de flora nativa que poseen, cuya finalidad es protegerlas y conservarlas, tal como lo hacían sus ancestros, relataron Silvia, Alejandra y Sandra.

“Tuvimos la visita de un biólogo especialista en especies nativas, quien nos manifestó su impresión por la gran diversidad que hay en este bosque, dado que este espacio es un verdadero reservorio de flora y fauna presente a lo largo y ancho de Chile”.

Por lo tanto están muy motivadas, aseguraron, ya que poseen un verdadero ecosistema que quieren rescatar, difundir su importancia para el cuidado del medio ambiente, sumado a la labor turística y gastronómica que están desarrollando en conjunto con toda su comunidad.

Feria ancestral

Augusto Coñopan, presidente de la Feria Ancestral de Victoria y presidente de la Comunidad Domingo Trangol, es artesano especialista en cestería Mapuche, plantas y cactus ornamentales.

“Esta feria campesina se caracteriza por tener sólo productos orgánicos, no existen los químicos que rechazamos absolutamente. En este sentido la gente está muy contenta con nuestros servicios, de hecho traspasamos la barrera municipal y nos hemos convertido en un polo de atracción regional”.

El dirigente Mapuche añadió que esta feria lleva seis años emplazada en la Plaza de Armas de Victoria, donde cada sábado más de 90 locatarios de distintos puntos ofrecen productos, como merkén, digueñes, plantas, artesanías en madera, hortalizas y frutos.

“La municipalidad e INDAP son instituciones que nos han prestado muchísima ayuda, pero requerimos que otros estamentos nos apoyen, ya que queremos materializar algunos proyectos que buscan mejorar por ejemplo la infraestructura, para ofrecer un mejor servicio”.

La cooperativa y el agua

Carmen Sánchez Leviñir, es secretaria de la Cooperativa Melimapu, agrupación que lleva cerca de 5 años trabajando para conseguir un espacio permanente para la venta de sus productos en el casco urbano de Victoria.

“Nuestro sueño es tener tres cocinerías para recibir a los turistas que llegan a la ciudad. Así como también ofrecer hortalizas, artesanía y gastronomía Mapuche. Este anhelo, eso sí, nos está costando mucho alcanzarlo, ya que todos los procesos han sido lentos”.

Asimismo Sánchez Leviñir relató que su principal dificultad es que el inmueble conseguido no tiene alcantarillado, baños ni agua potable, por lo tanto los socios de esta cooperativa no han podido comenzar a trabajar por las dificultades sanitarias.

“Estamos luchando para recuperar nuestra cultura, que la gente consuma preparaciones en base a productos sanos, libres de químicos, hortalizas frescas e inocuas, pan y tortillas de rescoldo, con insumos locales y naturales; queque con zanahoria, dulce de rosa mosqueta o postre de locro, que es trigo molido cocinado con leche”, reafirmó la señora Carmen.

Trabajo municipal

Javier Jaramillo, alcalde de Victoria, precisó que un tercio de la población comunal vive en zonas rurales, donde la presencia mayoritaria corresponde al pueblo Mapuche, por lo que de manera permanente se les ha apoyado en distintas iniciativas tendientes a preservar las tradiciones y mejorar la productividad y calidad de vida.

“Estamos concretando una serie de iniciativas gracias a un convenio con INDAP, también impulsando proyectos a través de nuestra oficina de turismo, cuya finalidad es fortalecer estas rutas ancestrales, fijando distintos puntos y atractivos particulares, con la finalidad de robustecer lo que están realizando de gran manera las distintas comunidades, en temas gastronómicos, de artesanía, medicina, observación y conservación de la naturaleza”.

Adicionalmente Jaramillo enfatizó que también se están concretando iniciativas relativas al ámbito productivo, por ejemplo en la localidad de Queipul, donde la comunidad está generando alianzas productivas con distintas empresas para poder comercializar variados productos que se generan en este territorio.

Adicionalmente Jaramillo enfatizó que también se están concretando iniciativas relativas al ámbito productivo, por ejemplo en la localidad de Queipul, donde la comunidad está generando alianzas productivas con distintas empresas para poder comercializar variados productos que se generan en este territorio. “En conjunto con las comunidades hemos trabajado fuertemente en la producción de frutos como las frutillas, que les ha permitido tener una mejor economía local y más calidad de vida. La idea es darle valor agregado al territorio Mapuche”, apuntó el edil.

En la misma línea, Jaramillo declaró que otro de los objetivos es generar más alianzas productivas entre las comunidades, así como también es imperioso continuar entregándoles las herramientas técnicas necesarias para que cada día las familias se vayan especializando más y con ello ofrecer mejores productos, experiencias y servicio en general desde el punto de vista multicultural.

Cazuela de ave

Con una cazuela de gallina nos estaba esperando en la Ruca Kume Yaguel, Juana Paine Colicoi, hija de lonko, quien pertenece a la Comunidad Ignacio Queipul, emplazada a 10 kilómetros de Victoria.

Cazuela de ave Con una cazuela de gallina nos estaba esperando en la Ruca Kume Yaguel, Juana Paine Colicoi, hija de lonko, quien pertenece a la Comunidad Ignacio Queipul, emplazada a 10 kilómetros de Victoria. La señora Juana ofrece a sus visitantes disfrutar de una jornada en una ruca Mapuche, donde los turistas pueden cocinar preparaciones típicas, conocer más de la cultura y respirar en primera persona lo que es vivir en una comunidad que busca conservar lo ancestral, con productos naturales, libres de pesticidas, así como también conocer la artesanía que realiza la anfitriona, como sus famosos senderos de lana de oveja.

“La comida que preparo es con ingredientes siempre naturales. Lo que más me piden es la cazuela de ave de campo, que tiene zapallo, locro, choclo, cilantro y papas, cuyo sello más importante es que son productos orgánicos del huerto, libres de químicos. También es muy cotizada la empanada de changle, que cocinamos cuando el recurso está disponible para extraer”.

Agregó que los postres tienen como base el mote, la quinoa o la leche, además de una bebida de color blanco que ofrece, el Muday, que es un brebaje de trigo. En cuanto a la artesanía, Juana Paine, aseveró que realiza hilados, teje a palillos y a telar, donde destacan las bajadas de cama, frazadas, mantas de mujer, senderos de mesa o “lo que el cliente le pida”.

“Me gustaría que hubiera cada vez más difusión de lo que estamos realizando las comunidades en Victoria, para poder trabajar más y tener visitas de forma permanente, calendarizadas, para robustecer nuestra labor y transformar a esta ruta en un paso obligado para los visitantes que buscan conocer y compartir nuestra idiosincrasia y costumbres. Queremos que nos visiten, se deleiten con nuestra gastronomía y formas de convivir con el medio ambiente”.

El camping

Rosa María Paine Colicoi, también de la comunidad Ignacio Queipul, es una emprendedora Mapuche que apostó por el turismo, el camping y la recreación, en el marco de un escenario natural majestuoso, donde un caudaloso río, el Quino, hace de telón de fondo.“Cuando los visitantes nos preguntan qué ofrecemos, lo primero que respondemos es tranquilidad, seguridad, paz y naturaleza, donde el bosque nativo y aves se puede apreciar en todo su esplendor. El río está apto para bañarse, por lo tanto están las condiciones necesarias para pasar una excelente tarde familiar, en un recinto que posee todo lo necesario para relajarse”.

Sin perjuicio que estén las condiciones escénicas, Rosa María detalló que anhelan tener un quincho equipado y sala de eventos, que sin duda mejorará la calidad del servicio y atraerá visitantes todo el año.

El lonko

Juan Francisco Llancamán es hace siete años lonko de la Comunidad Domingo Trangol, comunidad que también está trabajando de manera intensa para hacer cada vez más productiva su tierra y conservar las tradiciones culturales ancestrales.

“Me crié en este sector, mi abuelo era un hombre con mucha sabiduría y nos transmitió la importancia de ser Mapuche, su cosmovisión y formas de vida. Actualmente junto a 24 comunidades formamos una asociación de lonkos, de la cual soy presidente, situación que me entrega una alta responsa bilidad a la hora de que todos tengamos bienestar, calidad de vida y oportunidades, a través de proyectos que nos puedan beneficiar, siempre en un marco de respeto y colaboración”.

Finalmente, el lonko Llancamán manifestó que su mayor anhelo hoy es que las más de cien familias de la comunidad que aun están sin tierras, lo puedan concretar en el breve plazo, para que también tengan una mejor calidad de vida.

“Debemos reconcer al lonko de la ciudad, don Javier Jaramillo, quien después de muchos alcaldes que han pasado, reconoció que en esta comuna hay importante presencia Mapuche. Hemos logrado trabajar en conjunto y avanzar en una serie de materias. Acá los lonkos están contentos con su gestión”.

Lawentuchefe

Dominga Parra Chavol es de la Comunidad Trangol, pero actualmente vive en el sector de Queipul. Es la Lawentuchefe de la localidad (agente de la salud).

“Mi abuelita también era una persona muy importante en cuanto a la medicina Mapuche, de hecho cuando ella vivía nunca nadie tomó aspirinas o algún tipo de medicamento, eso no existía, sólo se conocía lo natural. Por lo tanto continué con la tradición, donde lo fundamental es tener respeto a la naturaleza y a la cultura”.

Explicó que a los 7 años comenzó a recorrer junto a su abuela los montes, bosques y campos , donde no sólo conoció cada uno de los “remedios”, sino que aprendió que hay que tenerle mucho respeto a la naturaleza y al medio ambiente en general. “Hay que respetar cada planta, cada árbol y solamente hacer el bien”, recalcó Dominga, quien como la mayoría de las mujeres Mapuche, trabaja la lana.

“Mi objetivo es que nuestra cultura se transmita de generación en generación, por lo tanto es muy importante inculcarle a nuestras familias el valor de la cultura. Uno de mis anhelos es tener una ruca, para educar, ayudar a que la gente se sane con nuestra medicina y para que las personas valoren los alimentos naturales, el bosque y la naturaleza”.

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