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Araucaria y Queule ¿al borde de la extinción?

Estatus sanitario de dos árboles icónicos en Chile

Ambas especies poseen hoy una particular atención, dado que por distintos motivos corren peligro. Por eso las acciones se han multiplicado, desde el mundo público, académico y privado.

El Caso araucarias

José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de CONAF, relató que a fines del año 2015, guardaparques de CONAF dieron aviso de un problema fitosanitario que hasta hoy afecta a la Araucaria araucana.

“Los individuos afectados presentan hojas cloróticas, necrosis de ramas que avanzan en un secamiento progresivo del follaje, provocando finalmente la muerte del árbol. Esta sintomatología se presenta en individuos de diferentes edades y en toda su área de distribución natural, tanto en Chile como en Argentina”.

Rebolledo agregó que una vez detectada la situación, CONAF comenzó a principios de 2016 con prospecciones terrestres fitosanitarias, con el fin de caracterizar la dispersión e intensidad de daño en toda la distribución natural de la Araucaria araucana. Dada la magnitud del problema y a la connotación de la especie, agregó, la Corporación Nacional Forestal tomó la decisión de convocar a una mesa de trabajo que permitiera aunar esfuerzos del sector público y privado, con el objetivo de lograr una óptima coordinación y mayor eficiencia en el uso de los recursos para la determinación del agente causal.

Esta mesa de trabajo contó con la participación del SAG, INFOR, Universidad de Concepción, U. de Chile, Pontificia U. Católica, U. Austral, U. Mayor y U. de La Frontera, Museo de Historia Natural y el sector privado representado por Bioforest (ARAUCO) y Mininco (CMPC).

“También se ha contado con valiosa cooperación internacional, mediante el apoyo de FAO y del Servicio Forestal de Estados Unidos para entregar asesoría en materias de sanidad forestal. Actualmente se desarrollan varios estudios con diferentes hipótesis de causalidad, cada una de las cuales a la fecha está siendo abordada mediante un estudio en particular”, explicó la máxima autoridad de CONAF.

En el mismo contexto, Luciano Pérez, director nacional del Comité pro Defensa de la Flora y Fauna, Codeff, manifestó que cuando se analiza un ecosistema tendemos a utilizar términos asociados a la medicina, a la economía, por ejemplo, decimos que los insectos “atacan” a las plantas y les provocan un “daño” o que otros organismos, generalmente hongos y bacterias, les provocan “enfermedades”.

“Desde una perspectiva biológico evolutiva, no es correcto usar esa terminología. Dejemos que los ecosistemas funcionen. Los problemas surgen cuando el ser humano percibe algo que se aleja de sus propios objetivos; por ejemplo, si creamos un parque nacional para proteger a las araucarias, entonces no esperamos que algo que percibimos como “malo” les ocurra”, reflexionó.

Además, Luciano Pérez, fue enfático en sostener que en un contexto ecológico, la araucaria posee un conjunto de organismos exclusivos que la depredan. Su tronco es perforado por larvas de insectos y de pronto los árboles caen y continúan descomponiéndose y formando el suelo orgánico que hoy vemos sobre las rocas metamórficas y volcánicas de las cordilleras, lo que genera condiciones para la colonización de nuevas plantas y animales y la sucesión del bosque.

“Desde una perspectiva ecológica, esa muerte genera vida. De manera que desde nuestra perspectiva no ecológica, podríamos decir que las araucarias siempre han presentado síntomas de “enfermedad”, explicó el personero de Codeff.

Zonas y cambios en el entorno

José Manuel Rebolledo, de CONAF, detalló que se detectó una zona de la Reserva Nacional Ralco con una alta mortalidad e intensidad de daño en adultos, juveniles y regeneración que en un principio fue catalogada como la Zona Cero.

Otros sectores que han mostrado altos niveles de prevalencia e intensidad de daño corresponden a la Reserva Nacional Malalcahuello y el Parque Nacional Villarrica. Cabe mencionar que el daño se encuentra en toda la distribución natural de la Araucaria araucana.

Según las investigaciones coordinadas por CONAF en la determinación de las causas del daño foliar de la Araucaria araucana, existe mayor convergencia que se debe a una combinación de factores bióticos y abióticos.

Esta hipótesis postula que los cambios en los regímenes climáticos históricos han provocado el estrés de la especie (en algunas localidades más que en otras), lo que genera un incremento en la susceptibilidad de ser atacada por agentes patógenos que han aumentado sus abundancias poblacionales.

“Luego de una serie de investigaciones y esfuerzos enfocados en determinar el agente causal, existe hoy un grupo de organismos patógenos catalogados como sospechosos. Sin embargo, aún faltan estudios de patogenicidad para confirmarlo”, aseguró José Manuel Rebolledo.

Por su parte, Luciano Pérez, de Codeff, reiteró que lo que ha estado ocurriendo, en general, es que la gente está comenzando a percibir cambios en su entorno y que no siempre tiene una causal a la cual atribuirlos. Por ejemplo, aquí en nuestra zona, anfibios que hace unos 15 años comenzaban su proceso reproductivo con las primeras lluvias de fines de marzo, ahora lo están haciendo en pleno invierno.

“Diversas percepciones de cambio están ocurriendo a nivel mundial, las que tienden a atribuirse al cambio climático. Entonces, visto desde esta perspectiva, existe la percepción de que existen araucarias cuyo follaje está secándose y se atribuye a una causal directa, los hongos del follaje, hongos que siempre ha tenido la araucaria, pero no se desarrollaban debido al vigor de la mayoría de los ejemplares”.

Pérez agregó que algunos profesionales han planteado que la mortalidad de las araucarias está ocurriendo en suelos de baja “productividad”, pero hay que indicar que la araucaria es una especie que coloniza substratos rocosos y arenoso volcánicos que no son precisamente de alta productividad; además, son procesos centenarios de crecimiento por lo que las araucarias crecen allí donde los promedios de temperatura, nutrientes y agua son adecuados para ellas.

La mayoría de los ejemplares de araucaria adultos presenta una prevalencia del daño foliar de un 99,5%. Esta cifra puede sonar alarmante, pero hay que considerar que incluye a todos los individuos con presencia de daño, el cual puede estar en una sola rama de un gran follaje.

La intensidad de daño del follaje en adultos es de 35,7% del total y se ha registrado una mortalidad de 7,2%. Por otro lado, la regeneración presenta una prevalencia de 92,2%, intensidad de daño de 43,8% y una mortalidad de 14,1% (Datos de la prospección fitosanitaria temporada 2018-2019, elaborado por Mauricio Reyes, de la Universidad de La Frontera).

¿La araucaria en peligro de extinción?

Según lo establecido en el Decreto N°79 publicado el 2 de agosto de 2018, referido a los resultados del proceso N°14 del reglamento de clasificación de especies silvestres (MMA) vigente en Chile, se resolvió dejar a la población de araucaria presente en la Cordillera de los Andes (300 mil hectáreas) en categoría de conservación Vulnerable y a la población existente en la Cordillera de la Costa (22.000 ha) en categoría de En Peligro. (CONAF)

¿Qué porcentaje de la especie ha muerto?

Según la última prospección fitosanitaria de la temporada 2018-2019, la mortalidad en adultos de la Araucaria araucana corresponde a un 7,2%, un 1% de incremento con respecto a la temporada 2017-2018. La mortalidad en la regeneración se mantuvo constante en relación a la temporada anterior con un valor del 14,1%. (CONAF).

Desde lo privado

En 2016 una situación inusual comenzó a afectar el follaje de las araucarias emplazadas en localidades de la cordillera de Nahuelbuta; se trataba de necrosis en hojas y ramas, diagnóstico que ocasionó que algunas de estas especies murieran. Dicho escenario también se manifestó en plantaciones ubicadas en algunos sectores de la cordillera de Los Andes.

A raíz de ello y como una forma de buscar una solución a un problema a largo plazo, el Instituto Forestal (INFOR), la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y CMPC se unieron a fin de establecer una estrategia que permitiera salvar esta especie.

Se trata de la migración asistida, iniciativa que hasta la actualidad se desarrolla en el vivero Carlos Douglas de CMPC. Semillas extraídas de más de 410 madres son las que permanecen al interior de este recinto, esperando alcanzar el tamaño necesario para ser trasplantadas en lugares donde crecen las araucarias y en sitios que, a futuro, contarán con las condiciones climáticas idóneas para el desarrollo de esta especie.

Convenio

En tanto, en junio de 2018 CMPC y el Instituto Forestal (INFOR) firmaron un convenio de colaboración con el objetivo de salvaguardar el patrimonio genético de la Araucaria araucana.

De esta forma, ambas instituciones se comprometieron a la conservación de esta especie y, de paso, apoyar su rescate a través de la técnica conocida como migración asistida que involucra la recolección de la semilla para, posteriormente, llevarla a un vivero y, finalmente, plantarla en lugares donde el clima le brinda más posibilidades de sobrevivencia.

Este proceso se realiza en el vivero Carlos Douglas de CMPC, ubicado en la comuna de Cabrero, en Ñuble, lugar donde “estamos produciendo araucarias, iniciativa que se ejecuta a través de la migración asistida. Lo que ellos quieren es salvaguardar el potencial evolutivo de esta especie mediante el establecimiento de ensayos de árboles específicos y de progenia”, explicó el gerente de producción de plantas de CMPC, Juan Andrés Celhay.

Adicionalmente, en junio de 2019 CMPC donó 1.500 araucarias a la Fundación Nahuelbuta, emplazada en la comuna de Contulmo, como parte de un programa que busca restaurar la cordillera.

La distribución natural de la Araucaria araucana consta de aproximadamente 253.425 hectáreas (ha) en Chile, con presencia en las regiones del Biobío (38.796 ha), La Araucanía (200.667 ha) y Los Ríos (13.961 ha), tanto en la Cordillera de Los Andes como la Cordillera de la Costa. El daño foliar se encuentra presenta a lo largo de toda la distribución. Sin embargo, se han identificado focos de afectación en la Reserva Nacional Ralco y Parque Nacional Villarrica. (CONAF).

Cambio climático

Para el director ejecutivo de CONAF, el cambio climático es una de las hipótesis más avaladas por los investigadores, donde se considera que cambios en el clima estarían generando un aumento en la predisposición de la especie al ataque de patógenos.

“Estudios coordinados por la CONAF han podido comprobar niveles de estrés bioclimático en poblaciones de araucaria, producto de cambios en las precipitaciones y temperaturas. Sin embargo, es necesario continuar con estudios climáticos para poder comprender de mejor manera el rol que cumple el clima y sus variaciones en la condición sanitaria actual de las araucarias”.

Luciano Pérez, de Codeff, coincidió con el director de CONAF, aludiendo a que “todo indica que si, pues la Araucaria araucana es un árbol de clima frío de altura, donde también ha aumentado el número de días con alta radiación solar, siendo afectados seguramente por el estrés hídrico impulsado por la megasequía”.

Entonces, aseguró, la Araucaria estaría enfrentando un promedio de condiciones meteorológico climáticas que hasta hace pocas décadas no ocurrían. “Es el promedio de días y meses con condiciones anómalas que se repiten a lo largo de los últimos años, y ello es consecuencia del cambio climático, tal como está ocurriendo en otros países”.

El valor del Queule

De acuerdo a los especialistas de Chilebosque el Queule (Gomortega keule) es un árbol siempreverde que alcanza normalmente una altura máxima de 15 metros y un diámetro de 60 centímetros, aunque también se han descrito individuos con más de 1 metro de diámetro y alturas superiores a 30 metros en Quebrada de Caramávida, Cordillera de Nahuelbuta, Región del Biobío.

Agregaron que sus frutos, inusualmente grandes para especies del bosque chileno, son drupas verdosas que tornan a amarillas al madurar, alcanzan hasta unos 5 a 6 centímetros de largo. En su interior se encuentra una semilla leñosa sumamente dura, redonda, con pliegues tortuosos de apariencia similar a un cerebro en miniatura. Esta estructura leñosa contiene en su interior a las semillas verdaderas.

Según Dámaso Saavedra, director de la Fundación Keule, desde el año 1989 el Libro Rojo de Flora (Benoit 1989) lo categoriza como especie en peligro y en el 2019 existe consenso científico respecto a la mantención de esta categoría y así lo recoge el primer proceso de clasificación de especies silvestres (2005).

“La especie se mantiene en los sectores costeros de las regiones del Maule, Ñuble y Biobío. Muchos de estos sectores en los últimos años han sufrido cambios paulatinos. Siendo por ejemplo la expansión urbana y los incendios forestales, elementos que han impactado drásticamente a las poblaciones de Queule”.

Saavedra añadió que la posibilidad de contribuir a disminuir su riesgo de extinción es actuar sobre el territorio y trabajar en conjunto para establecer soluciones concretas a los factores que afectan a la especie. Uno de ellos es el cambio climático, donde se deben centrar los esfuerzos de conservación de las poblaciones más vulnerables.

Estudios

Desde Codeff, Luciano Pérez, advirtió que los estudios que se han realizado sobre el Queule no están a la altura de la importancia de la especie, pues el único representante de una familia completa de plantas, Gomortegaceae, que es endémica de la zona costera de Chile central, subsiste hoy solo entre las provincias de Arauco y Cauquenes.

Agregó que el Queule actualmente presenta la particularidad histórica, ya que es un árbol que conocemos principalmente por la regeneración de tocones y la gente del campo les llama “familias”, porque son varas que surgen de los bordes del tocón, como personas una al lado de la otra, haciendo un círculo.

“Son muy pocos los ejemplares que sobreviven y que provienen de semilla, de hecho, en la actualidad es muy difícil encontrar regeneración de semillas debido a que las plántulas se las comen los conejos y liebres. Además, las condiciones microclimáticas del interior del bosque están muy alteradas al hallarse principalmente en fragmentos muy reducidos, por lo que no se conocen bien las condiciones en que germinaba antiguamente”.

Pérez aseguró que en el caso de este árbol se han planteado algunas vías de reproducción vegetativa, pero requiere de condiciones naturales para fortalecer su acervo genético, y por ello se deben proteger y estudiar aquellos lugares donde se han encontrado ejemplares adultos de semillas.

Aquí también hay un problema de escala temporal, pues podemos salvar a la especie, pero al final dependerá de las condiciones climáticas en su área de distribución. La sequía aumenta la intensidad de los incendios forestales y pueden llegar a destruir los tocones.

“A veces podemos creer que una especie se puede salvar de la extinción en la medida que podemos verla incluso encerrada en un zoológico o en un parque nacional, pero la vida de una especie incluye satisfacer variables genéticas, biológicas y ecológicas que no siempre se tienen en cuenta”, puntualizó el personero de Codeff.

Caso Tomé ¿Hallazgo?

Hace unos meses la prensa regional y nacional hablaba de un gran hallazgo, en la comuna de Tomé, donde supuestamente se había encontrado un bosque de queules.

“Nosotros como Fundación Keule hicimos al respecto una aclaracion de que el sitio ubicado en Tomé ya era conocido desde más de 25 años por muchas personas, sobre todo de la comuna e instituciones públicas. Se había mantenido relativamente inalterado pese a ser una pequeña superficie de 0,1 hectárea rodeado de plantaciones de eucaliptos”.

Dámaso Saavedra aseguró que poner en la agenda a nivel nacional la especie fue importante, pero las consecuencias de un hecho noticioso sin un sustento significó que las poblaciones de queules en Tomé, Penco y Hualqui hayan sido “saqueadas”.

“La cobertura mediatica hizo que muchas personas por buena voluntad fueran a colectar queules para tratar de ayudar, sin conocer que la especie no tiene una fácil germinación con pocas posibilidades de exito. Pero junto con ello hubo otras colectas de miles de semillas a ciertos destinos en específicos que son las que más nos preocupan porque eso si causa un daño tremendo. Lamentablemente la legislación no sanciona la extracción de frutos”, expresó Saavedra.

Proyecto busca proteger y conservar el Queule

El proyecto Conservación de Especies Amenazadas promueve buenas prácticas silvoagropecuarias y turísticas para la protección de especies amenazadas en las regiones de Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía.

La iniciativa ejecutada por el Ministerio de Medio Ambiente (MMA), implementado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), tiene como misión la protección de cuatro especies que se encuentran en peligro de extinción, entre ellas el Queule.

El proyecto busca establecer información relevante y científicamente necesaria respecto a las poblaciones de esta especie y vincularlo a las comunidades.

En una primera etapa se realizó la instalación y sociabilización del proyecto a través de talleres donde se dio a conocer, entre los servicios públicos, municipalidades, privados y la comunidad en general, los principales lineamientos y alcances que tendría. Además, se creó el comité técnico regional, encargado de recomendar y sugerir en el marco del proyecto de conservación de especies amenazadas.

La coordinadora regional del Proyecto, Fabiola Lara, indicó que ya se comenzó con la etapa de implementación de buenas prácticas para la conservación del Queule en predios privados. “Durante el segundo semestre de este año comenzaremos la difusión del programa de educación ambiental en Pelluhue, Cobquecura, Penco, Tomé, Coelemu, Talcahuano, Los Álamos y Hualqui, comunas donde habita la especie, y buscaremos ampliarlo hacia aquellas zonas donde existan bosquetes de Queule”.

El trabajo continuó con el reconocimiento en terreno de Queules, tanto en predios fiscales como en particulares y la planificación de las acciones de coordinación entre los involucrados a nivel regional, mediante talleres y reuniones. Un nuevo hito fue la conformación del subcomité de la especie arbórea, integrado por un grupo de expertos nacionales que asesora el proyecto.

Acciones

Entre las principales acciones de destaca el trabajo en conjunto que busca proteger y conservar el Queule, especie en extinción y endémica de Chile, que llevan a cabo la Secretaria Ministerial del Medio Ambiente del Biobío, la Dirección Regional de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), y el Centro de Semillas Genética y Entomología de CONAF.

Las principales líneas de acción del programa son la colecta de semillas de la especie para viverizar; la producción de plantas de Queule, las que serán utilizadas para la restauración ecológica o para la investigación; la instalación de un banco de conservación en un predio piloto privado; y el desarrollo de un protocolo de embriogénesis somática en laboratorio, que permitiría la conservación in vitro de la especie.

El seremi del Medio Ambiente del Biobío, Mario Delannays, destacó el trabajo colaborativo entre las dos instituciones en favor del Queule, al mismo tiempo que relevó el trabajo a ejecutar en el Plan de Recuperación, Conservación y Gestión (RECOGE) de la especie arbórea, que permitirá la realización de un levantamiento de información de las poblaciones conocidas, con el fin de determinar su nivel de amenaza y así generar la mejor estrategia para su conservación.

A su vez Pablo Uzúa, extensionista Queule del proyecto señaló que es fundamental para el desarrollo de estrategias de conservación del Queule, el trabajo que se realice con los medianos y pequeños propietarios, ya que una gran cantidad de árboles se encuentran dispersos en este tipo de terrenos, sean en pequeños bosquetes o aislados.

En 1995 el Queule, especie en peligro de extinción, fue declarado monumento natural de Chile. Actualmente, se han identificado predios de propietarios privados que poseen bosquetes de Queule en su distribución natural y, específicamente en la cordillera de la Costa, a la altura de Cobquecura, donde se ha evidenciado reproducción de manera sexual de la especie, lo que permitirá la implementación de buenas prácticas que permitan disminuir las amenazas de estos lugares.

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