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Los efectos socio ecológicos de la convivencia entre cisnes de cuello negro y lobos marinos en Los Ríos

Según la Unión para la Conservación de la Naturaleza, el estado de conservación del Cisne de cuello negro a escala global es de preocupación menor. Sin embargo, es la especie más emblemática en el humedal. Académicos sostienen que esta ave acuática herbívora es una especie esencial en el área y por lo tanto requiere máxima atención para preservar su estado de conservación.

 

Los cisnes de cuello negro (Cygnus melancoryphus) han vuelto a las portadas de diarios y han sido nuevamente objeto de reportajes televisivos, luego de ocurrido el bullado caso Celco y la crisis socio ambiental de los años 2004 y 2005.

Hoy eso si, las noticias tienen otro antagonista y que le ha hecho incómoda la vida a los cisnes en el humedal del Río Cruces de Valdivia, en la Región de Los Ríos: lobos marinos sudamericanos (Otaria flavescens), que literalmente han devorado a más de 250 de estas estilizadas e icónicas aves acuáticas.

De ahí que a petición del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) y del Gobierno Regional de Los Ríos, la Universidad Austral de Chile (UACh) conformó un grupo de académicos con experiencia en el manejo de fauna silvestre, en particular en humedales, con el objetivo de asesorar a las autoridades sobre la interacción registrada entre ambas especies en sectores del humedal.

Eduardo Jaramillo, docente e investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, indicó que el Cisne de cuello negro se convirtió en una especie icónica para la sociedad valdiviana a partir del año 2004, cuando se produjeron cambios ambientales en el humedal del Río Cruces (asociados a descargas de Residuos Industriales Líquidos (RIL) de la planta de celulosa Valdivia de Arauco), lo que provocó mortalidades y una emigración masiva de estas aves.

Esos cambios ambientales incluyeron la desaparición del Luchecillo (Egeria densa), macrófita que es el principal alimento de esta ave y que provocó la emigración de miles de cisnes del área del humedal debido a la falta de alimento.

Jaramillo agregó que a partir del año 2008, se comenzó a observar que en ciertas partes del humedal había muestras de recuperación del Luchecillo, siendo el 2012 el año en que se ratificó la franca recuperación de esta macrófita acuática.

“Tanto la recuperación del Luchecillo, como de la transparencia del agua – parámetro que ayuda a conocer su calidad – llevó de forma secuencial a la mayor presencia de los cisnes de cuello negro en el humedal, llegando durante el verano de 2018 a un número aproximado de 12 mil ejemplares”, precisó el investigador de la UACh.

Todo estaba volviendo al orden en el humedal, reflexionó Eduardo Jaramillo, hasta que en julio de 2018, los guardaparques de Conaf comenzaron a observar a lobos marinos atacando a los cisnes en la parte inferior del humedal.

Coincidentemente, el equipo de Jaramillo ya había encontrado carcasas de cisnes, por lo que comenzó a monitorear y registrar la cantidad mensual de restos encontrados, para evaluar en qué áreas del humedal estaban ocurriendo los ataques, así como para conocer qué lobos eran los depredadores y determinar la magnitud de la afectación a la vida cotidiana de las aves por parte de este depredador.

Tales estudios forman parte del Programa de Monitoreo Ambiental del Humedal del Río Cruces y sus ríos tributarios que investigadores de la UACh llevan a cabo junto a académicos de las universidades de Concepción y Santo Tomás desde el año 2014.

Los lobos que han entrado al humedal para atacar a los cisnes, provienen de una colonia de aproximadamente 40 individuos, que se presenta de modo recurrente en los alrededores de la costanera de Valdivia. No son una población silvestre, precisó Jaramillo, sino que está allegada tróficamente al entorno humano, cosa que se grafica, por ejemplo, cuando los locatarios de la Feria Fluvial de Valdivia le dan restos de pescado.

 

Atento al lobo

Todo estaba en orden, hasta que varios lobos se introdujeron a la parte inferior y media del humedal, y algunos de ellos comenzaron a perseguir y devorar a los cisnes, explicó Jaramillo.

“Los resultados de los monitoreos realizados entre julio y noviembre del 2018 muestran que aunque individuos juveniles, sub adultos y adultos utilizan el humedal, la depredación de cisnes ha sido llevada a cabo mayoritariamente por lobos juveniles”, puntualizó el investigador.

Estamos entonces, aseguró el zoólogo, ante una situación denominada Ecología de Individuos Problema. Es decir, parte de una población – en este caso especímenes juveniles de lobos marinos – muestra una conducta anómala que puede afectar la vida de otras especies.

 

Lobos marinos versus cisnes

De acuerdo al doctor Jaramillo, en el humedal del Río Cruces se da algo muy particular o contradictorio al evaluar la interacción entre lobos marinos y cisnes de cuello negro.

Esto dado que el Lobo marino es una especie que está declarada “protegida”, con veda incluida, por un decreto del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), institución con facultades fiscalizadoras. Sin embargo, para el equipo de investigadores de la UACh, la veda extractiva decretada por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), se refiere a la especie y no a grupos ubicados en ambientes que no constituyen su hábitat natural, como por ejemplo zoológicos.

“Bajo este contexto, los individuos que habitan en las cercanías del muelle de la Feria Fluvial de Valdivia, no constituyen una población silvestre y por lo tanto, no estarían bajo la legislación anteriormente mencionada”, explicó Eduardo Jaramillo.

Por el contrario, alertó el investigador, tenemos en el área otra especie que no está protegida, como es el Cisne de cuello negro, pero que vive y se reproduce en un humedal que está declarado Santuario de la Naturaleza y Sitio Ramsar. Consecuentemente, aún cuando esta ave no tiene un estatus de protección especial, sí lo posee el área, por lo tanto todos los animales y plantas que están ahí presentes deberían estar protegidos”, sostuvo.

El investigador agregó que en el mundo actual, cualquier sistema natural repentinamente va a estar afectado por intrusiones de organismos u otras especies y que son mediadas por la acción del hombre.

“Para el caso específico de la interacción entre lobos marinos y cisnes de cuello negro en el humedal, siempre argumentamos que habían tres caminos a seguir. El primero es la identificación definitiva de los individuos problema para luego proceder a la remoción humanitaria e inmediata, mediante uso de “rifle sanitario”.

El segundo camino, es sedar a los lobos problema, para luego capturarlos y sacarlos del sistema acuático, cuestión muy difícil porque es complejo calcular la sedación y sacarlos del agua, ya que son animales de mucho peso.

El tercer camino es dejar que el lobo siga depredando en el humedal y evaluar, por ejemplo, la real afectación de esa depredación en las abundancias poblacionales de los cisnes.

Después de la primera quincena de noviembre y hasta el cierre de esta edición, prácticamente no se han encontrado carcasas de cisnes, situación que podría tener diferentes explicaciones.

“Una es que los lobos ya hayan comenzado su migración estival a la costa marina de Valdivia. Los resultados de censos periódicos que nuestro equipo comenzó a realizar desde noviembre pasado parecen confirmar esta hipótesis. Por otra parte, pudiese ser también que la cantidad de cisnes en áreas de fácil acceso para los lobos sea tan baja, que no compense el gasto de energía que significa para ellos moverse desde la ciudad hasta el humedal”.

 

Forénsica ambiental

Los lobos marinos se alimentan primariamente de peces, sin embargo, lo que ha ocurrido en el humedal del Río Cruces evidencia que ocasionalmente estos mamíferos también se alimentan de aves acuáticas.

En un momento del año 2018 (junio – julio) la dieta de algunos de los lobos del Mercado Fluvial de Valdivia pasó de una representada primariamente por peces a una que incluía la presencia de cisnes de cuello negro.

Durante noviembre los investigadores de la UACh examinaron 6 lobos encontrados muertos en el Río Valdivia. Se extrajeron bigotes de esos lobos con la finalidad de estimar los valores de la proporción de isótopos estables. Según los especialistas, dado que la composición isotópica en un animal es el reflejo de su dieta, evaluaron si algunos de esos lobos es uno de los que se ha alimentado de cisnes.

Tomaron como muestra los bigotes, ya que en mamíferos los pelos son estructuras apropiadas para este tipo de análisis. Para ello obtuvieron secciones ubicadas a distancias crecientes del lugar de nacimiento o folículos, a fin de evaluar cambios temporales en la dieta.

Es decir, si un lobo cambió su dieta desde piscivora (animal carnívoro que se alimenta principalmente de peces) a otra que incluya cisnes de cuello negro, debiera verse reflejado en cambios en la proporción isotópica a lo largo de sus bigotes.

Los investigadores realizaron además estos análisis en tejidos recolectados de peces Carpa capturados en el humedal y en muestras de los cisnes encontrados muertos por los lobos. De este modo evaluarán la efectividad de esta técnica como herramienta para reconstruír el historial trófico en una interacción depredador y presa.

 

Monitoreo ambiental adaptativo

Para conocer de cerca el trabajo que se está realizando en el marco del programa de monitoreo, viajamos hasta Valdivia, donde el profesor Jaramillo nos explicó que el área de estudio comprende el eje central del humedal conformado por los ríos Cruces y Chorocamayo y 8 ríos tributarios (ríos Nanihue, Cudico, Pichoy y Cayumapu en el costado este del humedal y ríos San José, Santa María, Tambillo y San Ramón en el costado oeste del área).

Inserto en el Programa de Monitoreo Ambiental Adaptativo del Humedal del Río Cruces y sus ríos tributarios, el estudio del humedal lleva cuatro años de ejecución e incluye entre otros aspectos, el seguimiento espacio temporal de las características físicas y químicas del agua y de la variabilidad biológica.

Esta última incluye el estudio de los peces y camarones de las riberas, los anfibios que ocupan en terrenos aledaños a los cauces, las aves de pajonales, la avifauna acuática herbívora y carnívora y los mamíferos acuáticos.

“Este programa es de carácter adaptativo, es decir, durante su desarrollo se hace parte de situaciones no previstas durante el diseño o inicio. De este modo, los muestreos y análisis se han ido modificando acorde esas nuevas situaciones, un ejemplo es que al programa original le hemos agregado el monitoreo de la interacción entre lobos marinos y cisnes de cuello negro, situación nunca antes vista en el humedal ni menos prevista durante el diseño del programa”.

 

Muestreos en el humedal

Los estudios destinados a evaluar las concentraciones de elementos y compuestos químicos en el ambiente, incluyen según Jaramillo muestreos en tres matrices, agua, sedimentos y tejidos biológicos.

Durante abril y julio (períodos de menor y mayor caudal hídrico, respectivamente), se realiza un muestreo muy completo de calidad de agua con especialistas de la Universidad de Concepción (Laboratorio de Oceanografía Química), la única en el país con laboratorios y procedimientos analíticos acreditados por el Instituto Nacional de Normalización (INN).

Periódicamente además se analizan los datos de los censos mensuales de avifauna que realizan los guardaparques de Conaf, lo que permite  conocer la variabilidad espacio temporal de las aves acuáticas herbívoras y carnívoras del área. A esto se suma el análisis estacional que realiza el doctor Juan Navedo de la Facultad de Ciencias de la UACh, con las aves paseriformes o cantoras en pajonales del humedal.

El biólogo marino Felipe Navarro, estipuló que el equipo recorre estacionalmente todas las riberas del humedal registrándose el número de aves y la ocurrencia de macrófitas acuáticas en polígonos contínuos de 500 metros.

“Los resultados han sido muy útiles para conocer el desplazamiento de los cisnes de cuello negro ocurridos entre septiembre y octubre de 2018, como resultado de la intrusión de lobos marinos en el humedal”.

También se han realizado estimaciones del consumo de Luchecillo por parte de los cisnes, lo que sumado a los análisis cruzados que realiza el doctor Fabio Labra de la Universidad Santo Tomás, que con imágenes satelitales y otras capturadas con drones, evalúa cuál es la abundancia de aves acuáticas herbívoras que puede sostener la biomasa actual del recursos en el humedal.

Adicionalmente, los investigadores de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UACh, doctores Enrique Paredes y Ricardo Henríquez, analizan muestras de puyes para estudios patológicos y sanitarios en este pez.

Además, el doctor José Nuñez, de la Facultad de Ciencias de la UACh, está monitoreando el estado de conservación de la fauna de anfibios anuros (ranas) y reptiles en el humedal.

Con todos estos antecedentes, se realiza anualmente una comparación con años anteriores, con la finalidad de elaborar un catastro de las amenazas a las que se ve sometido el humedal del río Cruces y sus ríos tributarios.

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