en

Cero Emisión

Carola Venegas Bravo
Gerente de Asuntos Corporativos y Comunitarios
Consorcio Eólico

Hace unos 20 años, parecía futurista imaginar que nuestra energía podría provenir del viento. Luego mirábamos con envidia la instalación de proyectos de energía renovable en los países desarrollados y las metas de políticas públicas más optimistas invitaban a imaginar que en el año 2025 podíamos tener un 20% de éstas en nuestra matriz eléctrica.

Si consideramos que sólo el 22% de nuestro consumo de energía es eléctrico, versus, por ejemplo, un 58% de derivados del petróleo, nuestra gran meta era que un 4,4% del consumo energético nacional fuera renovable, libre de emisiones.

Habiéndose instalado – y en buena hora – la Agenda de Desarrollo Sostenible para el año 2030 y la urgencia por desarrollar acciones tendientes a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, Chile adquiere compromisos en la COP21, efectuada en París en diciembre del 2015 e incluso este año, será el país sede de la versión 25 de la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas para luchar contra el cambio climático.

El pasado mes de enero, el aporte de las energías renovables superó el 18% (tal como ocurrió con la inyección promedio del año 2018), es decir, tres veces lo que todas las leyes para fomentar la participación obligan: Ley 20/25, 20.698 y 20.257. Y no sólo eso, se han diversificado los medios de transporte (que consumen el 36% de la matriz primaria), y la electricidad podría ir tomando más espacio en desmedro del diesel.

Vemos con normalidad que las grandes empresas, especialmente las que tienen interacción directa con público, anuncian sus contratos de energía renovable y ya no resulta tan llamativo encontrarse con un parque eólico en nuestras rutas. Siendo optimistas, es muy probable que las siguientes etiquetas de lo que consumimos contengan información respecto del ciclo de vida o cuenten con certificación ISO 14064, que mide las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Claro que aún quedan desafíos, la calefacción se ha ido quedando cada vez más atrás, con menos tecnología y el país figura dentro de los más contaminados en su calidad del aire, producto del uso tan amplio de la leña.

También da la sensación que tanto cambio normativo y regulatorio se ha ido despegando de la ciudadanía, y se anuncian medidores inteligentes, cuando solo las empresas de gran consumo o las familias de mayores ingresos pueden permitirse instalar sistemas de autogeneración renovable solar (u otra) en sus techos, y en las zonas rurales, la cantidad de horas sin suministro dista bastante de lo tolerable. Evidente muestra de la necesidad de descentralizar las decisiones y de abrir los espacios de discusión de la política pública.

En Chile, vivimos hoy el futuro de muchos otros países, que nos ven como antes mirábamos a otros. Valoremos este nuevo escenario. Más allá si “te gustan” o no los parques eólicos (o solares), veamos que estos sean la forma correcta de generar energía y movamos nuestras decisiones de consumo hacia aquellas que nos puedan permitir avanzar a “cero emisión”.

Comentarios

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Loading…

0

Comments

0 comments

Cocina costera sustentable con sello local

COP25 y la coherencia medioambiental