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El desconocido mundo de los Celadores

Blanca Rivera Antropóloga Programa de Capacitación Nacional a Organizaciones de Usuarios del Agua (CNR)

La labor del celador tiene una larga tradición en el campo chileno y su desempeño involucra conocimientos y saberes que son traspasados por la práctica misma del oficio desde un celador antiguo a un aprendiz, aunque en muchas oportunidades este traspaso se da desde una generación a otra. Esta herencia generacional que va de padres a hijos, se considera una labor eminentemente masculina.

Quienes han optado por este oficio por una decisión personal y no por tradición familiar, han visto en esta labor una alternativa de ingresos y estabilidad, pero por sobre todo, espacios de libertad personal y la posibilidad de estar en contacto permanente con la naturaleza.

Para poder distribuir las aguas de acuerdo a lo que le corresponde a cada usuario, el celador debe recorrer los canales, efectuar mediciones, manejar compuertas, revisar bocatomas y estar atento a cualquier evento que ocurra en el río o en el canal. Pero no solo esto, también debe relacionarse con los usuarios y con muchas personas que no lo son, en los buenos y en los malos momentos, siendo esto quizás lo más complejo y desgastante de su labor. Así, los celadores han dejado de ser funcionarios pasivos y se han convertido en verdaderos agentes activos de las organizaciones de usuarios de agua (OUA).

Ejecutan, supervisan, convocan, solucionan, informan, responden, observan y desarrollan una diversidad de actividades que los convierten en excelentes “tomadores de decisiones” en terreno. Contrariamente a lo que muchos suponen, el celador es un trabajador que está permanentemente enfrentado a una dinámica de cambios e imprevistos a los que debe reaccionar y responder.

En la medida que va desarrollando su trabajo, el celador puede observar como el agua que distribuye permite que germinen las semillas y crezcan los cultivos, construyendo en esta cotidianeidad vínculos con la naturaleza plenos de sentido, identidad y pertenencia. El celador sabe que su labor impacta en el mundo de un modo concreto y contundente: “de mi trabajo dependen 260 personas y 560 há.”(Celador, La Serena).

Por su trabajo en terreno, el celador es a su vez, el primer observador del cambio climático, de la escasa disponibilidad de aguas, de la falta de lluvias y de las transformaciones de naturaleza en general. Sus observaciones cobran cada día mayor relevancia, puesto que las variaciones climáticas exigen un monitoreo constante de los canales y de las necesidades de los regantes que solo él maneja con claridad y en forma inmediata.

Más que nunca los celadores constituyen un aporte a la toma de decisiones de los equipos de trabajo de las OUA, sus comentarios son valorados y entienden que su opinión “puede solucionar un conflicto”. (Celador, La Serena).

Labor 24/7

Desde el punto de vista de los derechos laborales la realidad de los celadores es variada, presentándose como un desafío estandarizar el ejercicio de este oficio.

En este contexto, es posible encontrar quienes laboran en forma informal, lo que se da preferentemente en comunidades de aguas pequeñas con pocos recursos, hasta celadores que se desenvuelven en condiciones óptimas de trabajo, como es el caso de quienes trabajan en algunas juntas de vigilancia.

En ambos extremos existe conciencia acerca de un factor que caracteriza su labor: la total disponibilidad para el trabajo, especialmente si se presenta una emergencia. No importa si es día o de noche, si es día hábil o festivo, porque si existe una necesidad urgente, el compromiso del celador debe ser total y estar dispuesto a presentarse rápidamente en donde se le necesite. Esta característica hace que el trabajo de celador sea una labor 24/7, similar a un trabajador de emergencias.

La prevención de riesgos laborales se presenta como otro reto. La manipulación de implementos en los bordes de ríos y canales, la exposición constante al aire libre, los trayectos por terrenos irregulares y otras situaciones similares exponen diariamente al celador a distintos riesgos físicos.

El reducido uso de elementos de protección personal se relaciona, entre otros, por factores culturales que vinculan el trabajo del celador al género masculino, género en que se valora la fortaleza y resistencia física y su consecuente demostración. En tanto que los riesgos para la salud mental no se asumen en su real dimensión, existiendo pocas evaluaciones que den cuenta de este factor.

Género

El asunto de “trabajo de hombres” tiene asidero en lo tradicionalista del medio campesino. Sin embargo, como todo en la sociedad, hay mujeres incursionando en todas las áreas laborales. Marcela García Rivera, celadora del Canal Saturno ubicado en el Valle del Elqui, reconoce que la labor es físicamente agotadora.

Ella llegó en forma gradual a asumir la tarea y está satisfecha porque ha podido desempeñarla correctamente justo poniendo en servicio aprendizajes femeninos: delicadeza en el trato, que se esmera en cultivar, y saber mantener los diálogos de modo que no se rompa un respeto innato que asegura le brindan los hombres de campo a la mujer por su condición de tal.

El mundo indígena

Esta labor en el mundo indígena tiene características particulares. Las comunidades indígenas se vinculan con la naturaleza de un modo distinto, que difiere sustancialmente a la forma en que nuestra sociedad se vincula con su entorno físico. Esto lo podemos observar en las comunidades andinas del extremo norte, en las que existe una diversidad cultural desconocida y tensionada con el sistema jurídico que rige en nuestro país, dado que este último homogeniza las relaciones que las personas establecen con los recursos hídricos y la forma en que pueden utilizarlos. No obstante, las prácticas tradicionales, rituales y símbolos indígenas relacionados con la naturaleza y el agua, permanecen vigentes.

Entre los Aymara quien asume el rol de distribuir las aguas de los canales se conoce como juez de aguas, también denominado alcalde o regidor de aguas y tiene la responsabilidad de distribuir los recursos hídricos mediante la práctica ancestral de la mitación, o reparto de agua por sectores equivalentes a la mitad del canal, la cual efectúa junto a uno o dos asesores. Esta actividad, se ejerce por periodos acotados de tiempo, para posteriormente ser ejecutada por otro comunero, pudiendo ser pagada con dinero en efectivo o con agua, según relata un antiguo regidor de aguas.

En el sector de Huasco Alto, la denominación para quien distribuye y cobra las aguas para riego es la de Camayoc , en tanto que en el Tránsito se le conoce como celador Camayo.

Desafíos actuales: profesionalizar el oficio

La adopción de tecnologías y digitalización de procesos ha generado un nuevo escenario en la distribución de las aguas de ríos y canales y los celadores han debido adaptarse a estos cambios. Para nadie resulta fácil transitar desde un saber eminentemente práctico a conocimientos de orden científico, sobre todo si se tiene presente que un gran porcentaje de celadores solo alcanzaron a cursar educación básica. Este aspecto demanda atención, puesto que capacitar a los celadores parece ser una respuesta lógica a este nuevo escenario. Sin embargo, los celadores carecen de la independencia y de los recursos para acceder a estos procesos de capacitación.

Es la propia organización la que debe asumir que la profesionalización de los celadores es una responsabilidad compartida, ineludible y necesaria.

En nuestro país, el Programa de Capacitación Nacional a Organizaciones de Usuarios del Agua, que financia la Comisión Nacional de Riego y ejecuta la Universidad de Concepción, ha puesto especial interés en capacitar a los celadores, sensibilizando mediante cursos y talleres acerca de lo estratégico y fundamental que resulta la labor en la buena administración de las aguas.

No obstante, este esfuerzo aun es menor en comparación a otras realidades, como por ejemplo la Argentina, donde se accede al oficio de celador por medio de educación formal en entidades de carácter universitario o técnico, tales como la Escuela de Tecnicatura del Agua y la Escuela de Capacitación del Agua que imparten formación en esta especialidad.

Asimismo, la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC) en la Provincia de San Luis, imparte una carrera de tres años incluyendo en su formación elementos de derecho e hidráulica.

Esta preparación formal, se condice con el reconocimiento y valor que se le otorga en el vecino país al trabajo del celador, que se representa en el imponente monumento levantado en Junín para homenajear el agua y el trabajo de “tomero” (celador); incluso se exponen las herramientas que antiguamente utilizaban en distintos museos y todos los años se realiza una celebración para homenajear este oficio.

Sin duda existen desafíos. Enfrentamos en Chile severos problemas de escasez de aguas, por lo que se requiere implementar soluciones que no solo son técnicas. La magnitud de las urgencias y demandas obligan también a considerar la valoración que se da al interior de las OUA de esta labor, puesto que el rol estratégico que el celador cumple aporta directamente a una gestión sostenible del agua en nuestro país.

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