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Heredar el legado ciclista

Harold Mesías AlcayagaMiembro de Colectivo Muévete y Ciudad Viva

Cuando tomé como opción la bicicleta como mi medio de transporte, nunca imaginé que hoy tendría cinco de éstas en mi hogar: la de mi esposa, las de mis dos hijas, y yo que ahora tengo dos, incluida una ​cargobike​ (o bicicleta de carga) hace ya tres años.

Una ​cargobike tiene una estructura similar a las convencionales: dos ruedas, un manubrio, frenos y cambios, salvo por la dirección, pues lleva un espacio en la parte delantera que aguanta hasta 100 kilos, La mía fue fabricada por Yobke Cargobike, oriundo de Chiguayante y uno de los pocos que las hace en Chile, ya que no son muy populares en esta región del mundo. Más conocidas son en Dinamarca, donde un 26% de las familias con dos hijos tiene una. (1)

No ha sido fácil. La hostilidad constante del tráfico, y especialmente de los automovilistas hacia los ciclistas, hace que muchos vean con temor el uso de este modo. Y es que de a poco se aprende a convivir y desenvolverse con plena seguridad en medio de un caos y congestión vial que causan los mismos causantes de dicha hostilidad.

Mi hija mayor -Sofía- ya tiene 12 años. Cuando nació, la decisión de comprar un carrito para trasladarla al colegio no estuvo exenta de cuestionamientos de su mamá.

No obstante, con el tiempo pude convencerla de que era la mejor opción al considerar la distancia, el tiempo e incluso la seguridad, pues la mayoría de la ruta incluía un parque. Ahí empezó a despertar en Sofía la curiosidad por la ciudad, a vivir el traslado como una aventura: aprendió a reconocer la ruta, si estábamos cerca o lejos; empezó a saludar a las personas habituales del camino; y en el colegio se sentía orgullosa y le mostraba a sus compañeros y compañeras que iba y venía sentada en el carrito de mi bicicleta.

Pasaron los años y Sofía aprendió a pedalear. Practicamos, pero además tuvo el ejemplo diario de ir dos años en el carrito conmigo: la mejor escuela de tránsito para desenvolverse en las calles. Fuimos a muchas actividades y Bicipaseos Patrimoniales, recorrimos innumerables rincones y disfrutamos momentos como cuando se ganó el apodo “Mini-Ciclista”, que le dio ​Mapapo​ Castillo, gestora de actividades.

Pedaleo

Cuando llegó el momento de pedalear los cuatro kilómetros que nos separaban del colegio, fue un momento tenso. Mi esposa -Carolina- también estaba preocupada y aceptó a regañadientes la idea. Finalmente, fue más fácil de lo que pensábamos: Sofía llegó felíz y le contó a todo el colegio que había llegado en bicicleta.

Y seguimos en la misma senda. Si bien los primeros trayectos fueron con rueditas de apoyo, apenas llegó el “equilibrio espiritual” nunca más dejó su bici. En dicha época ya estaba involucrado en organizaciones de la sociedad civil por una movilidad y ciudades más justas. Y como me acompañaba Mini Ciclista, me propusieron entrevistarla para la revista New Indie (2): con apenas 8 años, la bici ya era su medio de transporte.

Muchos me preguntan cómo Sofía se desenvuelve con tanta naturalidad en un espacio de adultos en bicicleta. Y es que siempre tuvo el ejemplo: desde chica ese fue su medio de transporte, observaba e interactuaba con su entorno. Por eso, a la hora de ser autónoma ya sabía qué hacer, cómo moverse, reaccionar y hacer frente a un paso peatonal o semáforo.

Estudio

En 2012, un estudio realizado en Dinamarca comparó a aquellos niños que van en automóvil o bus al colegio, con quienes van caminando o en bicicleta. Se constató que los últimos rinden mucho más concentrados y que el modo de trasladarse influiría incluso más que el desayuno. Sofía se enferma mucho menos que sus pares y llega despierta y atenta a clases.

Juntos tenemos anécdotas e historias. Los niños y niñas aprenden a descubrir la ciudad y tienen una perspectiva que los adultos pasamos por alto: damos por hecho que las cosas son y se han hecho de una forma y no nos sorprendemos. Sofía me preguntaba cosas como ¿por qué dura tanto el semáforo para los autos y tan poco para las personas? ¿Por qué en la calle los autos tienen más espacio que las bicicletas? ¿Por qué los autos tocan tanto la bocina?

Un día pedaleando, debíamos hacer un viraje hacia otra ciclovía y Sofía iba adelante, como siempre. “En la esquina, cruza la calle y luego toma la ciclovía a la izquierda”, fue la instrucción en movimiento. Ella, totalmente confundida, frenó y se bajó de la bicicleta. Me dice “papá, esto es la vereda de los peatones, no podemos pedalear acá”. Tenía razón, la ciclovía de calle Carmen estaba en plena acera: siempre estuvo mal implementada.

Hoy mi hija menor -Laura- de 6 años ya lleva dos años pedaleando de forma autónoma. Tampoco le gusta pedalear por la vereda y se enoja cuando vamos separados por la solera. Cuando llegamos a las calles con ciclovía su actitud es otra: se siente en su mundo y es una más del trafico.

Desde que la subí a la silla de la bicicleta, cuando tenía dos años, ha visto y disfrutado de la ciudad; y cuando pudo abordar la ​cargobike​, ve como ejemplo a su hermana que guía, imitando cuando señaliza un viraje, advirtiendo cuando un peatón está cruzando mal o ejerciendo su oficio favorito de DJ, repitiendo hasta 10 veces las misma canción, cantando feliz y viviendo esta etapa en familia.

Va siempre preocupada de su mámá que va más atrás y pendiente de que no quede en un semáforo en rojo. Así seguimos nuestro camino, no sólo al colegio, sino que durante muchos años más.

Sofía y Laura me han dicho que cuando sean grandes se van a comprar una cargobike para llevar a sus futuros perros e hijos al colegio. Hasta se pelean la propiedad de mi bicicleta, jugando al “cachipún”. Pero la verdad es que el aprendizaje y ejemplo es lo único que van a heredar.

La cargo, es mía.

(1) Fuente: Cycling Embassy of Denmark.

(2) ​Ciudadanxs​ – New Indie “La ciudad es nuestro templo” – ​http://www.newindie.org/sofia-mesias/

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